miércoles, 8 de junio de 2016

¿Internet favorece el bien común?



Entresacado del blog "entreParéntesis". Con nuestro agradecimiento.

Común parece, internet no lo es. Internet, por sí mismo, no favorece el bien común. La brecha digital, que no sufren aquellos que pueden leer este artículo, diferencia no sólo dos grandes ámbitos globales, sino que también potencia la desigualdad dentro de las mismas sociedades. 

Pero dicho esto, ¿puede favorecer el bien común? Mi primera respuesta, que será la casi la conclusión, es quedependerá decididamente de la dirección hacia la que se oriente la construcción de la red y el tipo de persona que genere, en general toda tecnología, pero muy particularmente esa conexión pseudo-mágica que llamamos internet. Esto apunta claramente (lo tomo casi como evidencia) que tanto la sociedad se verá profundamente transformada, así como el modo de situarse la persona en el mundo.

Lo común en los paradigmas digitales

(1) El paradigma de “lo compartido”. En primer lugar conocimiento y relación, pero se extienden las fórmulas a través de las cuales se comparte transporte, casa, incluso tiempo. Estas fórmulas de consumo colaborativo sirven más para rentabilizar bienes que para hacerlos propiamente comunes. La lógica que subyace sigue siendo por tanto la propia del mercado liberal, potenciado además por su crecimiento sin regulación en la mayor parte de los casos y basado en el acuerdo entre usuarios.

Sin embargo, todo este conocimiento heredado y compartido, construido entre todos de algún modo, y puesto a disposición de los demás sí contribuye a generar un espacio común. Estamos vislumbrando, cuando no viviendo ya en muchos ámbitos, la llegada de una inteligencia compartida. La era del conocimiento se construye rápidamente desde esta perspectiva en la que un único sujeto tiene forma comunitaria, se desarrolla en la medida en que cada cual aporta según su capacidad.

La gran reflexión, muy importante, es el desaprovechamiento de nuestros propios bienes. Nos sobra mucho de lo que tenemos, nos aporta compartirlo. Construir comunidades en las que este intercambio se hace posible ofrece muchas posibilidades de futuro, aunque por el momento sigan siendo limitadas contribuciones a la construcción y contribución de lo común. Para empezar, educa en compartir sin miedos y en el respeto a lo no apropiable, enseña a leer las necesidades de otros y nuestras propias posibilidades de contribución.

Se dan otro tipo de relaciones, se genera en lo compartido una comunidad. Quizá sea este el primer paso, e indispensable, para otros subsiguientes. Una comunidad de relaciones, más que de intereses.

(2) El paradigma de “lo gratuito”. En no pocas ocasiones, lo gratuito no es tal. Hay una sensación enorme de gratuidad en lo que se refiere a internet, impulsada de la mano de numerosas aplicaciones para móvil y plataformas online, aunque finalmente no lo son. El usuario “intercambia” sus datos a cambio de servicios. De donde se deduce que la identidad (individual o colectiva) es un valor de futuro indiscutible. A este respecto cabe puntualizar que muchos usuarios hacen uso de estos servicios propiciando un auténtico espacio de relación y vinculación de cara a un bien común universalmente compartido, pero sin tener excesivamente presente la cesión de derechos que hacen.

Este paradigma también constribuye, y constituye, uno de los grandes retos de lo común: la gratuidad entendida como la vivencia del desinterés y de la corresponsabilidad. A mi entender esta dinámica, inconsciente en muchos casos, debe volverse hacia el agradecimiento de forma clara, hacia el reconocimiento, a la búsqueda y aportación de otro tipo de beneficios diferentes al directamente económico. Comprender esto es comprender no sólo la red, sino querer un futuro diferente.

Junto al desinterés con el que se viven determinadas contribuciones también conviene reflexionar explícitamente sobre la dinámica que supone recibir de esta manera, y si no supone un salto más en la construcción de una persona capaz de reconocer el valor de lo común.

(3) El paradigma de “lo libre”. En relación con lo anterior, “lo libre” sería aquello que generosa y desinteresadamente, participando de una comunidad cada vez más global, las personas ponen a disposición de los otros para que se pueda usar lo que ellos han desarrollado por cualquier otro usuario. La relación entre ambos no es muy directa, en ocasiones ni reconocida suficientemente.

Es fundamental preguntarse sobre qué tipo de libertad ofrece, porque si sólo se trata de “consumo” o “uso”, pero no capacita a la persona para empoderarse y desarrollar proyectos de futuro, en el sentido amplio, se puede convertir fácilmente en una forma más de sometimiento a los “productos” ajenos.

(4) El paradigma de “lo abierto”. Internet no está hecho, se construye y cambia a un ritmo enorme. Su alcance, todavía desconocido, vemos que se hace presente en todos los aspectos de la vida y transforma, al mismo tiempo que se implanta, el medio y los hábitos de las personas involucradas. El paradigma de lo abierto opta por una red que se hace con las aportaciones de todos, de modo que lo generado, sin ser propiedad de nadie en concreto, también es un bien a disposición de todos. En cierto modo la ética hacker comparte el objetivo e ideal de este paradigma al establecer que lo que hay en la red es de todos y no se puede “vallar”.

¿Somos conscientes de que internet se crea, se autocreará en un futuro, que es una novedad permanente que permite una innovación continua? ¿Hacia dónde y de quién será? Esta es la gran cuestión a abordar, comprendido que internet nada tiene que ver con una construcción estática del mundo, y que su propia mecánica interna es puro desarrollo y movimiento.

Sitúa a muchas personas en la misma dirección sin la capacidad de apropiación absoluta, construyendo inteligentemente. Es una auténtica filosofía de vida la que sostiene este tipo de procesos.

Supone, a su vez, un verdadero empoderamiento estructural de quien comparte espacio digital con otros.

Escrito por José Fernando Juan

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada