sábado, 1 de octubre de 2016

La profesora que aprobó y aprendió de la alumna que queriendo, no podía estudiar

Lo habitual es que el profesor vaya a clase a enseñar a sus alumnos, lo lógico, lo normal, a lo que estamos acostumbrados es a eso.

De vez en cuando nos sorprenden acciones distintas de algunos profesores que van un paso más allá.

Hoy desde Argentina, nos llega la experiencia de otra profesora, una profesora que aprendió de la alumna que menos sabía de su clase pero quizás una de las que más ganas tenía de aprender.

Lucía Gorricho es profesora en un pequeño municipio argentino de 4.000 habitantes, cercano a Mar del Plata en la Sierra de los Padres. Una zona en la que operan distintas empresas agrícolas que contratan para su labor trabajadores mayoritariamente bolivarianos en unas condiciones que ya han sido denunciadas por parte de distintas asociaciones sociales y medioambientales por rozar la semiesclavitud.

Lucía cuenta la historia en su blog personal impactada por lo ocurrido con su alumna y después de haberle pedido permiso para publicarlo íntegramente.
Las ganas de aprender

La familia de la alumna de esta profesora forma parte de esos trabajadores desplazados de su país y que viven en condiciones muy duras en este municipio argentino.

La familia de esta adolescente de 14 años trabaja en una de las plantaciones del entorno, en una plantación de fresas concretamente (se conocen como "frutillas" en esta zona) y ella le comentó a su profesora el día del examen que desconocía por completo la materia sobre la que le iba a evaluar porque no tenía ni libro ni carpeta, no había podido comprar el material académico.

El examen era importante porque suponía que de aprobarlo podría pasar de año pero ella no había podido estudiar absolutamente nada. La profesora sabía que el nivel académico de la niña no era bueno pero que se esforzaba mucho por estar en la escuela.

Ante la situación, Lucía decidió hacer un cambio en lo que a evaluar se refiere y decidió que las ganas de aprender podrían valer tanto como aquello aprendido o incluso más teniendo en cuenta la precariedad educativa del país y la situación personal, laboral y familiar de la niña y de tantos otros miles de niños como ella.

Lucía improvisó un nuevo examen en el que le pidió que le describiera la actividad económica de la zona y mencionara los aspectos más importantes de un país latinoamericano.


La niña escribió durante dos horas todo lo que supo sobre esos dos temas, con la mejor intención y con todas sus ganas. Contó todo lo que sabía sobre las fresas y sobre Bolivia, su país natal y Lucía no pudo menos que aprender de ella y de todo lo que la contó en ese examen.

Por eso decidió que no sólo ella tenía que aprender de esta historia, de esta vida, sino todos aquellos que pasaban por su blog a diario.

Un extracto de lo que le contó la niña a Lucía en su pecualiar examen ya dice mucho de la situación:

A veces las lecciones de la vida no están en un aula pero también se pueden aprender allí aunque los maestros, como en este caso, sean alumnos como esta niña boliviana que con todas sus ganas quiere estudiar aunque precisamente sea la vida quien no se lo ponga fácil.


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