miércoles, 12 de octubre de 2016

Nuevos escenarios, nuevos aprendizajes. Tecnología y Educación y Grandes corporaciones.


Esto es una entrada que pretende una vez más ofrecer una lectura para un debate crítico sobre el uso de las nuevas tecnologías en las aulas. Si el debate no lo tenemos los docentes que nos quepa duda que le están teniendo las grandes corporaciones interesadas en el "mercado educativo". Nuestra "innovación", sin reflexión, no deja de ser mero consumo. A ningún profesor le cae bien que le sitúen fuera de las tendencias innovadoras. Y hasta oponiéndose a ellas se pretende ser "innovador". Lo cierto es que el día a día de la docencia nos imbuye a ritmo frenético en las "tecnologías" más que en las "filosofías". Y eso se paga. Porque nunca fue neutral ninguna tecnología. Tampoco, y mucho menos, las educativas. 



La editorial Graó acaba de publicar el dosier Nuevos escenarios, nuevos aprendizajes. Coordinado por Juli Palou, Montserrat Fons y Jaume Celas, este dosier es una lectura interesante y provocadora organizada en torno a tres bloques, “¿Hablamos de aula, todavía?”, “Nuevos escenarios e inclusión” y “Aprender en nuevos escenarios”, junto con una selección de prácticas en contexto. En conjunto, el dossier dibuja un panorama educativo de tensión, sí, pero también de creatividad e innovación: vivimos un momento de transición entre una escuela monolítica y transmisiva que se resiste a desaparecer y una escuela diversa y que crece en muchas direcciones entre pasiones e incertidumbres.

En este dosier he tenido la suerte de poder contribuir con una breve reflexión sobre la relación entre la tecnología y la educación. Sin más preámbulo, aquí te dejo el texto por si te apetece comentarlo:

Empecemos con un reto en forma de adivinanza: ¿sabrías decir la fecha aproximada del siguiente texto? Para mantener el secreto me saltaré las normas convencionales de citación y sólo al final te contaré quién y cuándo pronunció estas palabras (1):

Cada profesión tiene, señores, sus fetichismos; y el material de enseñanza constituye el fetiche de primera magnitud para el cuerpo docente. Casi todos los profesores y maestros nos quejamos de la falta de material y casi ninguno dejamos de achacar a esa falta el éxito dudoso de nuestras tareas….

¿Sabrías fecharlo? No te preocupes, no te entretengo más: este texto forma parte de una conferencia pronunciada por Manuel Bartolomé Cossío en Bilbao con motivo de la Exposición Pedagógica que allí se celebró ¡en agosto de 1905! Sin embargo, su modernidad – como ocurre con buena parte de la obra surgida del entorno de la Institución Libre de Enseñanza – nos interroga hoy, precisamente, sobre el uso y la presencia de la tecnología en nuestras aulas.


¿Está siendo la tecnología un apoyo para el aprendizaje y la enseñanza o se encuentra aun dentro de la categoría de fetiche pedagógico? Esta es, sin duda, una de las preguntas más inquietantes y acuciantes de la investigación educativa actual porque la presencia de la tecnología en el aula no decrecerá en los próximos años sino que, muy al contrario, veremos cómo la Pedagogía de las Corporaciones Tecnológicas desplaza a muchos otros planteamientos educativos con la fuerza de su capital y su capacidad de difusión.

Y ante este futuro con tendencia a la distopía, ¿cuál es la situación en los centros educativo? Pues bien, por un lado, demasiadas administraciones (y también muchos centros y docentes) han caído en las garras del consumo tecnológico sin tener claro cuál es la función y el papel de la tecnología; sin embargo, por otro lado, muchos docentes y muchos centros han utilizado la tecnología como punto de apoyo para la reflexión y la revisión de su proyecto educativo. Solo los segundos tienen, en mi opinión, control real (aunque siempre limitado) de la situación y del papel de la tecnología en el aprendizaje. En todo caso, la voz de Cossío nos da la clave para el futuro: primero, el estudiante y el docente; después, las máquinas. Es decir, primero, para qué y cómo aprender y enseñar; después, con qué aprender y enseñar.

La tecnología abre oportunidades fascinantes en todos los ámbitos, también en Educación. Proporciona herramientas útiles para gestionar el aprendizaje y la enseñanza, aumentando nuestra eficacia en relación con ambas tareas. Multiplica nuestra capacidad para aprender haciendo, como el propio Cossío defendía a principios del siglo XX, y para difundir los resultados de nuestro aprendizaje. Eleva exponencialmente las posibilidades de entrar en contacto con otras realidades y personas más allá de nuestro siempre limitado entorno geográfico. Sin embargo, acercarnos a la tecnología sin una mirada crítica hacia el propio objeto, sus creadores y nuestras propias prácticas y usos supone caer, efectivamente, en la Red, y no me refiero a Internet precisamente: una enorme araña negra ha descubierto en la Educación un enorme mercado sediento de fetiches y dispuesto a pagar por ellos, así que, tecnología sí, pero con cabeza y corazón.

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