martes, 29 de enero de 2013

Carta de Yaguine Koita y Fode Tounkara





El 2 de Agosto de 1999 dos niños africanos llamados Yaguine Koita y Fodé Tounkara, de 14 y 15 años de edad, fueron encontrados muertos en el interior del tren de aterrizaje de un avión que cubría la línea Conakry-Bruselas. Ocultos en tan peligroso habitáculo, cual polizones de su propio ataúd, habían perecido congelados sin ver cumplidos sus sueños.

Eran dos estudiantes de Guinea-Conakry. Murieron congelados en el tren de aterrizaje de un avión que les llevaba, clandestinos, "a la rica y educada Europa". Pero son mucho más que otros polizones que mueren en su vano intento por abandonar la pobreza. Son autores de una carta de sencillez y clarividencia admirables, una auténtica bofetada a todos los que vivimos en la opulencia y en la sociedad enriquecida. Uno de ellos la llevaba sujeta entre su mano y su corazón cuando su cuerpo fue descubierto, en el aeropuerto de Bruselas. 


Podía haber sido un caso más, otra pequeña historia de desgracia y pobreza, otros dos muertos en la larga lista de africanos que mueren intentando llegar a Europa, pero ha acabado siendo un mazazo en las conciencias europeas. La noticia apenas ocupó espacios de segundo rango en la prensa belga. Pero resultó que al conocerse la carta abrió las primeras páginas. El Gobierno belga se apresuró en anunciar que llevaría la carta al Consejo de Ministros de la UE. Sin embargo la respuesta ante el drama de Africa ha sido el silencio cómplice...

Yaguine y Fodé, decidieron volar a Europa para pedir ayuda para África. Cometieron el error fatal de esconderse en el habitáculo que guarda el tren de aterrizaje de un Airbus A330-300 de la compañía belga Sabena que cubre la ruta Bamako (Malí)-Conakry (Guinea)-Bruselas (Bélgica). Aunque iban muy abrigados, no pudieron resistir las bajísimas temperaturas (entre 40 y 55 grados bajo cero) que se sufren a 10.000 metros de altura. Murieron congelados.

El Airbus aterrizó en Bruselas a las 5.45 de la madrugada. Cinco horas después, sus cadáveres fueron descubiertos por un operario que se disponía a llenar los tanques de combustible. Pero las consecuencias no se quedarán en un mero asunto técnico, por la carta que uno de los jóvenes apretaba contra sí. Un testamento en el que ambos, quizá intuyendo los riesgos de su aventura, explican los motivos de su largo viaje: pedir ayuda para los jóvenes de África. Pedir ayuda a Europa, "el más bello y admirable" continente del mundo.

"Excelencias, Señores miembros y responsables de Europa", empieza la carta, de una sencillez y cortesía admirables, reproducida íntegramente en esta página. Una carta llena de belleza y carente de reproches a Europa. Una carta en la que los dos jóvenes lanzan un grito de auxilio, y explican que si ellos han decidido arriesgar la vida es precisamente por el sufrimiento y la pobreza en que su continente vive, y porque Europa es necesaria para acabar con la guerra en África.

El ministro de Asuntos Exteriores y número dos del Gobierno belga, Louis Michel, se comprometió entonces a trasladar la misiva a sus colegas del Consejo de Ministros comunitario, las "excelencias, señores miembros y responsables de Europa", según la carta. "No podemos dejar sin respuesta este grito en favor de una vida mejor", declaró ayer Michel, conmovido por esta aventura mortal.

Los niños guineanos muertos en el tren de aterrizaje del avión llevaban en el momento de su muerte una carta escrita en francés por ellos.Éste es el texto íntegro:


ESCRITO POR DOS NIÑOS GUINEANOS. Yaguine Koita y Fodé Tounkara".

"Excelencias, Señores miembros y responsables de Europa. 


Tenemos el honorable placer y la gran confianza de escribirles esta carta para hablarles del objetivo de nuestro viaje y del sufrimiento que padecemos los niños y los jóvenes de África. 


Pero, ante todo, les presentamos nuestros saludos más deliciosos, adorables y respetuosos con la vida. Con este fin, sean ustedes nuestro apoyo y nuestra ayuda. Son ustedes para nosotros, en África, las personas a las que hay que pedir socorro. Les suplicamos, por el amor de su continente, por el sentimiento que tienen ustedes hacia nuestro pueblo y, sobre todo, por la afinidad y el amor que tienen ustedes por sus hijos a los que aman para toda la vida. Además, por el amor y la timidez de su creador, Dios todopoderoso que les ha dado todas las buenas experiencias, riquezas y poderes para construir y organizar bien su continente para ser el más bello y admirable entre todos.

Señores miembros y responsables de Europa, es a su solidaridad y a su bondad a las que gritamos por el socorro de África. Ayúdennos, sufrimos enormemente en África, tenemos problemas y carencias en el plano de los derechos del niño. 

Entre los problemas, tenemos la guerra, la enfermedad, la falta de alimentos. En cuanto a los derechos del niño, en África, y sobre todo en Guinea, tenemos demasiadas escuelas, pero una gran carencia de educación y de enseñanza: salvo en los colegios privados, donde se pueden tener una buena educación y una buena enseñanza, pero hace falta una fuerte suma de dinero. Ahora bien, nuestros padres son pobres y necesitan alimentarnos. Además, tampoco tenemos centros deportivos donde podríamos practicar el fútbol, el baloncesto o el tenis.

Por eso nosotros, los niños y jóvenes africanos, les pedimos hagan una gran organización eficaz para África, para permitirnos progresar.

Por tanto, si ustedes ven que nos sacrificamos y exponemos nuestra vida, es porque se sufre demasiado en África. Sin embargo, queremos estudiar, y les pedimos que nos ayuden a estudiar para ser como ustedes en África.

En fin, les suplicamos muy, muy fuertemente que nos excusen por atrevernos a escribirles esta carta a Ustedes, los grandes personajes a quien debemos mucho respeto. Y no olviden que es a ustedes a quienes debemos quejarnos de la debilidad de nuestra fuerza en África.

(El País Digital, 5 de agosto de 1999)

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