viernes, 31 de mayo de 2013

Lo irracional es la insolidaridad. (Sobre el aprendizaje dialógico)

Presentamos un trabajo de Antonio Aguilera (Departamento de Psicología de la Universidad de Sevilla) para la revista Comunidades de Aprendizaje. ESCUELA.  Su título completo es "LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA MUESTRA QUE LO IRRACIONAL ES LA INSOLIDARIDAD". En un blog cuya filosofía parte de que la naturaleza de la persona y de la educación es solidaria nos alegran muchísimo estos trabajos. Esperamos que además nos abran perspectivas de investigación y acción aún por descubrir.  

¿MEJORAR EL RENDIMIENTO O EDUCAR EN LA SOLIDARIDAD?
En no pocos centros educativos hay una preocupación sincera por mejorar el rendimiento de los estudiantes y al mismo tiempo educar en unos valores ético-morales que se consideran necesarios para la formación integral de la persona. Pero no es menos cierto que, a veces, se viven ambos objetivos como incompatibles y se desarrollan prácticas educativas para alcanzar cada uno de ellos que, como las líneas paralelas, por mucho que se prolonguen nunca se encuentran.
Así, es frecuente que las propuestas que se hacen para incrementar el rendimiento escolar se sigan fundamentando en una concepción constructivista del aprendizaje y se concreten en medidas que, a pesar de que se afirme que responden a un modelo de escuela inclusiva, son medidas segregadoras. Tal es el caso de la separación temprana en itinerarios educativos diferenciados, los agrupamientos homogéneos o los llamados “grupos flexibles”, las adaptaciones curriculares que bajo la justificación de la atención a la diversidad consolidan las desigualdades educativas (INCLUD-ED, 2011); medidas inadecuadas a las que se suman otras insuficientes como las aulas matinales, comedores escolares, transporte escolar, entre otras, que no van dirigidas al núcleo del fracaso escolar. Por otra parte, en esos mismos centros se desarrollan actividades dirigidas a la educación en valores que se concretan en la celebración de determinadas efemérides como el Día Escolar de la Paz y No Violencia, en celebraciones propias del centro como Jornadas Multiculturales o en campañas diversas.

Como consecuencia, la comunidad educativa vive una especie de “Síndrome de Penélope” por el que lo que teje durante las celebraciones “solidarias” lo desteje en el día a día basado en actuaciones segregadoras. Y, lo que es peor, ni se mejoran los resultados académicos con medidas como las señaladas ni se consigue una educación en valores con actuaciones puntuales y descontextualizadas como las referidas. Así, parece asumirse que o se establecen unas estructuras de aprendizaje individualistas o competitivas que garanticen el éxito escolar a algunos o se establecen estructuras cooperativas que forman en valores aunque sea a costa de desarrollar un “currículum de la felicidad” que consolide las desigualdad de resultados.
MEJORAR LOS RESULTADOS EXIGE SOLIDARIDAD Y VICEVERSA.
Sin embargo, éste es un falso dilema. Así lo ponen de manifiesto las prácticas educativas de mayor éxito en el logro de resultados escolares y mejora de la convivencia en los centros y las teorías más relevantes en el ámbito de las ciencias sociales, aportaciones que responden a una concepción comunicativa de la sociedad que destaca el papel de las interacciones y que, en el ámbito del aprendizaje están proponiendo una concepción dialógica del mismo: el aprendizaje dialógico (Flecha, 1997; Aubert, Flecha, García, Flecha y Racionero, 2008), uno de cuyos principios en los que se fundamenta, y estrechamente articulado con los demás y no como mera yuxtaposición, es el de la solidaridad.
Por una parte, tienen un fuerte componente solidario las prácticas educativas de éxito en la superación de las desigualdades que se fundamentan en esta concepción dialógica del aprendizaje como son las aulas inclusivas, los grupos interactivos, la participación y formación de familiares, la gestión del centro a partir de comisiones mixtas de trabajo, la implicación como voluntariado de otros miembros de la comunidad, el fomento de las interacciones tanto dentro como fuera del aula, etc. (INCLUD-ED, 2011; Puigvert y Santacruz, 2006). Por otro, las teorías más relevantes y los autores más citados de las ciencias sociales también destacan las relaciones de solidaridad como un componente esencial del desarrollo y del aprendizaje humano. Así, desde la sociología, Habermas (2003) nos dice que la subjetividad procede de la intersubjetividad que se crea en las interacciones sociales, siendo el resultado del proceso de interiorización de las relaciones mantenidas con otros. Desde la pedagogía, Freire (1997) afirma que la relación dialógica es indispensable al conocimiento y que la naturaleza social del proceso de conocer hace de la dialogicidad un elemento esencial. Por su parte Vygotsky (1989), desde la psicología, nos dice que en el desarrollo de los procesos psicológicos superiores, éstos aparecen primero en el plano social, en las relaciones con otros, y después en el plano intraindividual.
La conclusión es, pues, que perseguir la excelencia educativa y formar en valores solidarios no solo son objetivos compatibles sino que se necesitan mutuamente.
LO ANTICIENTÍFICO ES SER INSOLIDARIO

Traduciendo las aportaciones anteriores a un lenguaje sociopolítico, lo que los autores citados nos están diciendo es que somos lo que somos gracias a los demás, que somos hijos de la solidaridad, y que científicamente se puede afirmar que ser solidarios es lo racional. Así, la solidaridad y la superación de las desigualdades no es sólo un imperativo moral (que lo es) sino que también es lo racional, lo científico, y que lo  irracional y anticientífico es la insolidaridad.
Si, como nos recuerda Freire (1997), un rasgo de la naturaleza del ser humano es que está hecho para la solidaridad (ser dialógico), no es de extrañar que la investigación científica que indaga en dicha naturaleza ponga de manifiesto que son las prácticas sociales y educativas igualitarias y solidarias, las que mejor promuevan el desarrollo y el aprendizaje del ser humano. De igual manera sólo una economía, una política, un urbanismo, una sanidad (y así podríamos continuar citando otras ramas del saber) que pongan en el centro de su reflexión y de su praxis a la persona puede aportar soluciones viables a los problemas humanos en sus respectivos ámbitos.
En esta corriente se sitúan Comunidades de Aprendizaje,  que entroncan con las teorías sociales y educativas más relevantes, al mismo tiempo que se insertan en la tradición de los movimientos sociales solidarios que han puesto su máximo empeño en la promoción de personas que se hagan responsables del mundo y del tiempo que les ha tocado vivir, superando la reacción relativista y postmoderna al desencanto de la primera modernidad y proponiendo nuevas metas que entusiasmen a quienes no nos conformamos con aceptar resignadamente un mundo en el que crecen las desigualdades.

BIBLIOGRAFÍA
Aubert, A,; Flecha, A.; García, C.; Flecha, R. y Racionero, S. (2008). Aprendizaje Dialógico en la Sociedad de la Información. Barcelona: Hipatia.
Flecha, R. (1997). Compartiendo Palabras. Barcelona: Paidós
Freire, P. (1997). A la sombra de este árbol. Esplugues de Llobregat (Barcelona): El Roure.
Habermas, J. (2003). Teoría de la Acción Comunicativa. Vol. I y II. Madrid: Taurus
INCLUD-ED Consortium (2011). Actuaciones de éxito en las escuelas europeas. Colección Estudios CREADE. Madrid: Secretaría de Estado de Educación y Formación Profesional del Ministerio de Educación.
Puigvert, L. y Santacruz, I. (2006). La transformación de los centros educativos en comunidades de aprendizaje. Calidad para todas y todos. Revista de Educación, 339, 169-176).
Vygotski, L.S. (1989). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona: Crítica.


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