miércoles, 18 de mayo de 2016

La experiencia del colegio Claver de Lleida

El Colegio Claver revoluciona sus aulas y apuesta por las nuevas metodologías
El Colegio Claver revoluciona sus aulas y apuesta por las nuevas metodologías
El Colegio Claver de Raimat (Lleida) ha revolucionado completamente sus aulas para implantar el proyecto Horizonte 2020 de Jesuitas y poner en práctica una nueva forma de enseñanza caracterizada por el trabajo por proyectos, el aprendizaje por descubrimiento guiado y la docencia compartida. Minerva Porcel, directora pedagógica del cambio en el centro, explica que la experiencia busca formar a los alumnos como personas competentes, conscientes, compasivas, comprometidas y creativas, preparadas para el mundo del siglo XXI.


EL MARCO DEL PROYECTO: HORIZONTE 2020
El proceso que se está llevando a cabo en el Colegio Claver forma parte de la aplicación de Horizonte 2020, un modelo pedagógico puesto en marcha por la red de escuelas de Jesuïtes Educació en Cataluña. El objetivo de este programa es crear una nueva educación basada en los principios y valores de la compañía de Jesús que incorpore las últimas innovaciones pedagógicas y se adapte a las características de la sociedad actual. La implantación de este nuevo modelo es progresiva y se realiza año a año, por niveles. En el curso 2014-2015 se aplicó en 5º de Primaria y 1.º de Secundaria, y este curso 2015-2016 se incorpora a 6.º de Primaria y 2.º de Secundaria, con lo que completan la implantación en la denominada Nueva Etapa Intermedia (NEI), de los 10 a los 13 años. El objetivo es que “el alumno sea el centro del proceso de aprendizaje a partir de sus propias necesidades, intereses y habilidades”, explica Minerva.

EL NUEVO CLAVER

La directora pedagógica del cambio en el Claver explica que, desde que comenzó a implantar el nuevo modelo educativo, el centro ha cambiado en todos los aspectos: desde la organización física de las aulas y los recursos hasta su uso en la práctica y el desarrollo de las clases. Ahora las aulas son más amplias, luminosas, polivalentes y de colores alegres, y permiten distribuciones variables de mobiliario para adaptarse a las necesidades de cada grupo o momento.

En cada clase trabajan 60 alumnos con tres tutores (humanístico, lingüístico y científico-tecnológico) al mismo tiempo, y los grupos pueden distribuirse en el aula y en las áreas acristaladas de la misma según los objetivos didácticos que se vayan planificando y no en función de los horarios, que se han flexibilizado y permiten distintas combinaciones que pueden cambiar cada semana.

“Con esto conseguimos que los alumnos trabajen en grupos cooperativos dentro de un universo muy amplio y plural, en el que el aprendizaje entre iguales es de gran valor y donde el equipo docente puede dar respuesta a las dificultades de cualquier ámbito planteadas por los alumnos”.

Por lo tanto, la estructura de las clases también ha cambiado y cada vez es menos expositiva: el aprendizaje por descubrimiento guiado es la metodología central. “Concretamente, el aprendizaje basado en proyectos ha permitido visualizar y potenciar el trabajo a partir de las inteligencias múltiples y el desarrollo de competencias y habilidades”, define Minerva. “El aprendizaje cooperativo y entre iguales es crucial en estas edades porque se vehicula a través de lazos emocionales que generan una alta significación de los aprendizajes”. Además, estas metodologías incluyen también trabajo individual, lo que implica “mucho seguimiento por parte del equipo docente y grandes dosis de autorregulación por parte del alumno”.

El Colegio Claver revoluciona sus aulas y apuesta por las nuevas metodologias 3
 

EL DÍA A DÍA CON EL NUEVO MODELO

Una semana tipo en el Colegio Claver según el nuevo modelo de la Horizonte 2020 comenzaría el lunes con el “inicio del día”, un espacio para la reflexión y la toma de consciencia, seguido de la presentación de la semana y sus objetivos de aprendizaje y singularidades. Minerva apunta que cada día “se dedica íntegramente al trabajo por proyectos, o bien se combina con la participación en las materias conducidas por especialistas, es decir, música, educación física y alemán”. Además, los últimos 25 minutos los alumnos ordenan el aula, recogen sus cosas y, con calma, terminan la jornada con otro espacio para la reflexión y contemplación. Según explica Minerva, los viernes por la tarde “se dedican unos 45 minutos a revisar la semana con los alumnos (metaprendizaje, aprender a aprender, peticiones de ayuda, nuevas propuestas, etc.), para que los tutores de cada aula puedan reorganizar, en función de las necesidades de los alumnos, la planificación de la semana siguiente”.

Los proyectos que se llevan a cabo a lo largo del curso duran entre una y tres semanas y han sido diseñados por los tutores de la NEI de los colegios de Jesuïtes Educació en los que se llevan a cabo las experiencias piloto. Por lo tanto, son los mismos en cada curso y los equipos docentes de los centros implicados trabajan simultáneamente y en red para enfocar y planificar conjuntamente los objetivos de aprendizaje, la metodología y el seguimiento del progreso de los alumnos. Esto garantiza la aplicación del nuevo modelo pedagógico en todos los centros, pero Minerva matiza que “la última palabra la tienen los alumnos a partir de sus distintos ritmos y necesidades de aprendizaje”.

LOS DEBERES Y LAS NOTAS, TAMBIÉN DIFERENTES
El nuevo desarrollo de las clases ha traído consigo otros cambios en el trabajo diario de alumnos y profesores. Es el caso, por ejemplo, de los deberes. “A pesar de su mala prensa, en la mayoría de los casos justificada, los deberes pueden ser una gran oportunidad para la personalización de los itinerarios de aprendizaje, el autoconocimiento y el metaprendizaje”, indica Minerva. El nuevo método da a las tareas el enfoque y seguimiento adecuados para convertirlas “en terreno abonado para la motivación, la creatividad y el interés por aprender a aprender y movilizar conocimientos hacia el mundo real”.

En cuanto a los “exámenes clásicos”, en el Claver son solo “un instrumento más de la evaluación formativa que el equipo docente y el propio alumno, con la colaboración de sus compañeros, llevan a cabo a lo largo del curso”. “El seguimiento personalizado de los tutores sobre cada alumno y el feedback que este recibe para ser consciente de sus logros y limitaciones son la base para garantizar cualquier progreso”, apunta Minerva. Por eso con el nuevo modelo las calificaciones son abundantes y se derivan de actividades de naturaleza muy diversa, realizadas tanto dentro como fuera del aula. Minerva explica que “pueden ser cuantitativas o cualitativas, en función del acompañamiento que recibe el alumno y del objetivo de mejora propuesto” y “ni todos los alumnos tienen el mismo número de calificaciones ni se derivan de las mismas tareas o actividades”. “El boletín trimestral de notas refleja la progresión en el desarrollo de las competencias básicas y también informa con notas numéricas del grado de adquisición de contenidos específicos asociados a las materias tradicionales”, resume la directora pedagógica.

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BENEFICIOS DEL NUEVO MODELO Y LA DOCENCIA COMPARTIDA

Los profesores del Claver que se han sumado al nuevo modelo educativo lo han hecho de forma voluntaria y se han formado de manera intensiva para llevarlo a cabo. Han tenido que cambiar su forma de trabajar de forma radical, especialmente en el caso de 1.º y 2.º de Secundaria, pero Minerva asegura que “nunca antes habían poseído un conocimiento tan profundo de sus alumnos, tanto a nivel intelectual como emocional, porque no tenían la posibilidad de trabajar con ellos tantas horas al día, todos los días de la semana, y observarlos bajo distintos escenarios de aprendizaje interactuando entre ellos de manera tan intensiva”. “Ahora sienten que no solo pueden ayudar a los alumnos a conocer y mejorar sus estrategias cognitivas, sino que también pueden ilusionarlos y motivarlos para que se superen día a día porque les conocen muy bien”, destaca.

Un cambio decisivo en el desarrollo de las clases ha sido la incorporación de la docencia compartida, con tres profesores que trabajan de manera conjunta con los alumnos. Los beneficios de esta práctica alcanzan a todas las partes implicadas:
Los alumnos aprenden a partir de referentes muy cercanos (3 tutores en cada aula que atienden indistintamente a todos los alumnos) y con perfiles muy variados que interactúan constantemente con ellos y enriquecen su mirada además de su proceso de aprendizaje.

El equipo docente de cada aula, de cada curso y de toda la etapa comparte sus talentos y suma riquezas, sintiéndose mucho más realizado profesionalmente y seguro ante el nuevo reto educativo.

Los docentes han aprendido una nueva manera de enseñar y los alumnos han descubierto una nueva manera de aprender… Y ninguno de ellos volvería atrás”, asegura Minerva.

RESPUESTA POSITIVA DE ALUMNOS Y PADRES

Minerva explica que los alumnos están encantados con el cambio. “Afirman que ahora trabajan igual o incluso más, pero que lo disfrutan mucho más porque el proceso de aprendizaje es más dinámico y participativo y conecta con sus intereses”.

Respecto a las familias, Minerva destaca que depositaron su confianza en la institución y favorecieron la implementación del cambio ya antes de comenzar. Y, después, cuando observaron la reacción de sus hijos, el convencimiento fue total. “Las familias nos transmiten una profunda satisfacción porque observan un cambio de actitud muy positivo en sus hijos, una manera de aprender mucho más consciente e integrada a su realidad más cercana y un desarrollo notable de sus competencias”, indica. “Y además, ¡van contentos al colegio porque se lo pasan bien!”.


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