jueves, 11 de agosto de 2016

Pensamiento divergente.

Foto de 慕 尧 vía Flickr

¿Para qué puedes utilizar un clip? Ken Robinson planteó esta pregunta a escolares de diferentes edades. Descubrió que conforme superan cursos se va reduciendo el número de respuestas. En el jardín de infancia decían cosas como: «Si el clip fuera gigante podría decorar mi casa». Los mayores ya no pensaban así. Sus respuestas era MÁS LÓGICAS, aunque también MENOS CREATIVAS.


Imagina que te enfrentas a un dilema como este: ¿con quién preferirías tener una discusión, con tu pareja o con tu madre? Una respuesta lógica partiría del análisis las consecuencias, del tipo de relación... para escoger la opción «menos mala», aunque también podrías optar por una tercera vía:«Preferiría no tener esa discusión». Este tipo de razonamientos se conocen como «pensamiento divergente o lateral», ya que sigue un proceso que difiere del razonamiento convencional para llegar a respuestas más creativas y alejadas de lo esperado.




"El mundo es el resultado de nuestras ideas. No podemos cambiarlo sin cambiar antes la forma de pensar" Einstein

En la escuela suelen aplicarse con frecuencia las mismas soluciones, que reportan resultados muy parecidos. Por ello, aprender a pensar de forma divergente puede ser uno de los mejores recursos didácticos. Edward De Bono basó su investigación en la búsqueda de procedimientos para desarrollar esta competencia. Entre sus propuestas destaca una técnica consistente en invertir o «darle la vuelta» al planteamiento del problema. Imagina el siguiente caso: una empresa química toma agua limpia del río, la usa para sus procesos, y la vierte contaminada. La inversión conduciría a un absurdo: una empresa química (no una depuradora) recoge agua contaminada y la devuelve limpia. Sin embargo, esta situación, que nunca se habría considerado, invita a un nuevo cuestionamiento del problema del que puede salir una solución creativa.

Este ejemplo de inversión no es ficticio, se aplicó en EE.UU y dio origen a nuevas leyes medioambientales, que obligan a las empresas a abastecerse de la desembocadura y a desaguar en el curso alto del río. Así, una planta química resultaría afectada por sus propios residuos. Se ha demostrado que el efecto de esta medida es mayor que el de otras meramente punitivas.

Las posibilidades pedagógicas de esta técnica ya empiezan a concretarse en métodos como el Flipped classroom (al que le dedicamos el post anterior), o en experiencias exitosas fruto de aplicar una perspectiva más creativa al trabajo docente. Quizá, con ello, un clip tenga el mismo número de usos posibles en Infantil y en Secundaria.

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