miércoles, 9 de marzo de 2011

APRENDER Y SERVIR A LA COMUNIDAD. ENTREVISTA A LUIS MIRALDI


El profesor Luis Miraldi lleva adelante,desde hace seis años, distintos proyectos de aprendizaje y servicio, principalmente desde el Colegio San Francisco de Sales, en el barrio porteño de Almagro. En esta entrevista, Miraldi da su visión sobre esta metodología pedagógica y habla de la necesidad de esta clase de proyectos en el actual contexto socio económico que vive nuestro país.


¿Qué es el aprendizaje y servicio?

Es una forma de usar la energía que el alumno invierte en el aula en una salida solidaria ante una necesidad sentida que esté teniendo la comunidad. De modo que se resuelven dos situaciones muy concretas: el aprendizaje y -desde este aprendizaje- el entrenarse en el servicio.

 

¿Es una nueva metodología pedagógica?

Sí. Lo fuerte aquí es aprovechar la riqueza del peso curricular como para que desde ahí se dé el arrastre natural hacia esa salida solidaria, y en esto hay un campo de acción excelente. Porque uno podría estudiar en abstracto, con criterios pelados, y eso no está mal. Pero si uno quiere encarnar lo que estudia, que es la idea de toda escuela, si la propuesta es hacia la calidad y la llegada a todos, una forma de calidad se muestra en la encarnación de estos valores, sobre todo en lo que es la solidaridad frente una sociedad tan marcada por el individualismo. En este momento hay ejemplos de esto desde sala de 3 hasta la universidad.
Escuelas, docentes y comunidad



¿Cuál es el rol del docente en este tipo de propuestas?

Los docentes tendríamos que ponernos en el esfuerzo de evocar actividades o recursos que hagan pasar por lo que es una necesidad sentida. Quizás el gran desafío nuestro está en haber sido formados para un esquema de aula cerrada y para una clase de 40 minutos, para ir abriéndonos a ser escuelas que funcionen como plataformas de lanzamiento hacia la zona. Esto implica no tanto cambiar las metodologías, sino abrirse a la creatividad, a la apertura y a los vínculos con instituciones, ONGs, etc. Mi clase no empieza y termina con mi planificación, sino que en realidad el docente pasa a ser un facilitador como para salir a la zona. En mis clases yo no entrego pan, sólo entregó levadura.

¿Es también una forma de recuperar el vínculo de la escuela con la comunidad?

Si antes la imagen era la escuela como templo del saber o castillo feudal, donde está almacenado todo el conocimiento de las paredes hacia adentro, en este momento tal vez la dinámica sea otra: hacer una plataforma sólida pero sin paredes. No se trata de un mero activismo, sino que se trata de propuestas que tienen un sentido muy fuerte. Los despegues que tienen mucha propulsión pueden comprometer la base donde uno está, pero si esa base es sólida, se puede estar permanentemente entrando y saliendo, teniendo como referente clave a la escuela. Dentro del marco de lo que es la educación permanente no está mal volver al planteo de la ciudad educativa: ésta puede ser una realidad, depende de nosotros, depende de la inclusión que en la escuela le demos a la zona y de la apertura que la zona tenga hacia la escuela.

¿Para lograrlo, qué cambios tiene que experimentar el docente tradicional?

Debemos pasar de ser educadores jíbaros, armados con un sesgo curricular que nos ha cerrado a una respuesta puntual, burocrática o ministerial, en una suerte de rito docente, a tener una mirada ancha de lo que es realmente un servicio en la zona, lo cual no disminuye el nivel de calidad curricular, y eso es lo que debemos dejar en claro. Si la propuesta solidaria está bien hecha y pensada profesionalmente, en ningún momento tiene que haber fuga de tiempo o de presión curricular; por el contrario, se potencia todo el paquete curricular que nosotros tenemos necesariamente que transmitir. Y me parece que el resultado es otro, porque el peso curricular es amasado con este tipo de realidad.
Rescatando el viejo concepto de reflexión/acción, a mí me parece muy importante reflexionar, pero accionar sobre todo desde la realidad. La única verdad es la realidad, y la realidad donde uno está, no la que yo podría imaginar. A veces nos sobran los ejemplos acá nomás, y los vamos buscar, postizos, a alguna galaxia.

¿Esta apertura que menciona, no es una utopía?

El terminó utopía se refiere a un lugar inexistente en este momento, pero que yo hago existente en tanto y en cuanto avanzo sobre él. Ése es uno de los desafíos que nosotros tendríamos que proponernos: salir de la atomización y del cierre que podemos tener por una cuestión de formación, e incluir sin temor lo que es el medio, el ambiente, lo circundante, en un proceso natural que tengo que hacer en el aula, teniendo como telón de fondo el hecho de que no estoy apuntando a formar a un alumno individual, sino que estoy colaborando en la formación de una gran ciudad. Quizás en eso no tenemos trabajado nuestro rol, nos sentimos eficientes didactas más que profundos pedagogos.

¿Cómo se implementa un proyecto de aprendizaje y servicio en una institución?

En primer lugar, es clave crear conciencia: que la gente se dé cuenta, crear el deseo, sensibilizar. Recién entonces podemos pasar a crear cultura, empezar una línea de cultivo en esta dirección. Y luego podemos crear organización en torno a esto. Me parece que es una cadena de tres eslabones que son claves y que se implican mutuamente: conciencia, cultura y organización.
Son mucho más avispados aquellos que tienen que vender un producto y que cuentan con un equipo de marketing, de psicólogos sociales y de gente que hace análisis de costos etc., que nosotros los docentes, que tenemos una serie, no ya de productos, sino de valores que plantear a nuestra sociedad. Tal vez somos tímidos, limitados, y pensamos que al meternos en esto podemos perder tiempo, cuando en realidad pasa todo lo contrario.

¿Un proyecto de esta naturaleza tiene que involucrar a muchas áreas de la escuela?

Un proyecto bien hecho abre el juego a todos. En realidad me da la sensación de que cualquier escuela que se precie de buena, tenga o no proyecto de aprendizaje y servicio, debería estar trabajando en lo inter y extra departamental. Entre planeamiento estratégico y planeamiento participativo, hoy se está trabajando más en planeamiento participativo, y esto es un trabajo holístico, estamos todos en la misma propuesta. Es una forma romper el compartimento estanco. Nuestra propuesta es que el saber se da en 360 grados, y yo no puedo trabajar con los 25 que corresponden a mi corte, porque puedo perder el sentido. Nosotros como personas no somos compartimentos estancos: todos nuestros órganos están integrados en una unidad.
El contexto

¿Cuándo habla de “necesidad sentida” de la zona, a qué se refiere?

Todo lo que nosotros ofrezcamos lo tenemos que mirar desde un contexto, una ecología. Por ejemplo, en América Latina nunca hubo tantos chicos y tantos pobres. No se satisfacen necesidades básicas, se da una exclusión de jóvenes y adolescentes. El 88% de los alumnos del Polimodal de la provincia Buenos Aires está por debajo de la línea de pobreza. A mí me parece importante hacer un especial acompañamiento de los más pobres y abandonados, sabiendo que es más fácil ser pobre en un país rico que en un país pobre.
Y al mismo tiempo, los ocupados y sobre-ocupados, que también los hay, sufren una suerte de presión eficientista muy fuerte. No en vano en este momento el consumo de psicólogos, psiquiatras, y libros de autoayuda y el exceso de estrés están pululando de forma notable.
Por otro lado, esta muy metida la cultura del tener. Si uno realmente pudiera ir a la esencia y a una educación que permita el desapego de las cosas, a lo mejor no habría tantas crisis en este momento.

¿Y además de lo económico, qué pasa con lo cultural?

Yo constato un desinterés por cultivarse, y esto es serio. La exclusión del conocimiento no es como la del hambre. Por ejemplo, frente a la exclusión del hambre, la gente hace lo que hizo en el 2001 (más allá de las cuestiones ideológicas). Nosotros tenemos un dispositivo biológico que cada cuatro horas genera jugos gástricos, por eso es imposible que la gente no se de cuenta de que tiene que comer. Pero en el tema del conocimiento, la gente ni se da cuenta de que tiene que acceder a él. Es tanta la fuerza que tiene que aplicarse para saciar una necesidad primaria que se está olvidando la otra.

¿Cómo pararnos entonces frente a este deterioro social?

En primer lugar, hay que crear conciencia cívica, que la gente se dé cuenta de que hay que apuntar a hacer habitable el espacio comunitario. Luego, me parece importante incluir a la persona como elemento constitutivo de todas propuesta capacitadoras.
Yo propongo crear cultura en el sentido del capital humano y del capital cultural, y romper el círculo de la fatalidad. Por ejemplo, a mí me ponía mal cuando hablaba con la mamá de un alumno de una de las escuelas en las que estuve: cuando yo le decía que lo convenciera a su hijo de que defendiera sus ideas, ella me respondió: "señor, nosotros los del altiplano llevamos 500 años de sumisión". Frente a todo esto, yo propongo crear sentido, citando a Victor Frankl en "El hombre en búsqueda del sentido". Frankl hablaba de eso en un contexto mucho más difícil como es el de un campo de concentración. Es decir, en el lugar más sin sentido, proponer el sentido te da un oxígeno especial, porque te decís "se puede".
Por otra parte, yo propongo pasar de la queja maleva a la crítica propositiva y prospectiva. Es decir, trascender el "todo es igual, nada es mejor" de Discépolo, y el "el hombre es el lobo del hombre" de Hobbs. La subsistencia y el sobrevivir son los que nos llevan, en determinado momento, al vacío moral y existencial. ¿Qué hacer frente esto? Pienso que es importante crear organización, fortalecer a la persona con criterios y experiencias y propiciar y crear, en el fondo, historias mínimas, como la película de Eduardo Sorín.

¿Y cómo ponerse en acción?

Habría que hacer un inventario de las necesidades sociales. Uno de los temas más importantes del planeamiento participativo es que al diagnóstico lo llaman "escuchar los gritos". ¿De que forma nosotros escuchamos los gritos o vemos las necesidades? Por ejemplo, una vez que salí con los chicos de esta escuela, el Colegio San Francisco de Sales, empecé a trabajar con los alumnos que tenían más problemas de disciplina. Y lo que más de sorprendió cuando salí con ellos a la calle, fue lo prudentes, cuidadosos y respetuosos que eran con los demás. Fue la contraposición de lo que eran en el aula. Estaban transformados, eran atentos, me cuidaban a mí. Lo interesante de esto era cómo fueron capaces de ir encontrando, por un lado, en la propuesta de una escuela que tiene una línea pastoral definida, un Jesús sufriente; y por otro lado ir sensibilizándose no con una teoría sino con una praxis de gente que está en la calle, en el ambiente donde ellos viven. Es más, había hasta soluciones que las daban ellos. Lo que sucede es que cuando la propuesta se abre, la realidad es un generador tan potente, y es tan vívido el alumno que se involucra, que uno como docente no es más que un constatador de este vínculo que se está dando entre el alumno y la realidad. En otro momento jamás los hubiéramos juntado, pero actualmente se da como un flujo natural.
Los ejemplos

¿Nos puede contar algún proyecto en que se haya implementado esta modalidad de aprendizaje y servicio?

Había un grupo de alumnos de una escuela de Santa Fe que no tenía mucho entusiasmo en el estudio de la materia Química, motivo por el cual la docente hizo traer a sus alumnos diferentes muestras de agua, y empezaron a estudiar el tema de la potabilización. Así detectaron una alta cantidad de plomo en las distintas muestras que habían traído. A partir de allí, desde la asignatura de Química se involucró la profesora de Lengua, porque ese informe había que redactarlo, y ponerle letras a lo constatado por los tubos de ensayos. Y se involucró también Matemáticas, porque se dieron cuenta de que había que hacer estadísticas y progresiones. Y se involucró la gente Educación Cívica, porque esto estaba afectando gravemente a la zona. Y lo mismo pasó con la gente de Biología, por el tema de la salud, con Geografía, etcétera. La consecuencia de todo este trabajo interdisciplinario fue que la Intendencia decidió instalar una planta potabilizadora en la zona. Entonces, aparte de haber cumplido con lo que el ministerio dispone en la parte curricular, para los chicos y los docentes quedó un plus muy fuerte por el hecho de haberse comprometido con situaciones de la comunidad y haberle dado respuesta. En el fondo, qué es el aprendizaje sino involucrar a la persona en una situación de respuesta a la comunidad en el saber que yo en ese momento estoy teniendo.

¿Desde cuándo se comenzó trabajar el aprendizaje y servicio?

Nosotros nos iniciarnos en aprendizaje y servicio desde el área pastoral desde 1999, aunque aún no hemos trabajado con toda la institución volcada al proyecto. Nosotros tuvimos el gusto de que el CLAYSS (Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio) nos prologara una publicación en la que levantamos 19 relatos y un poema realizados por la gente que recibe nuestra visita en la “Noche de la caridad”, y le dimos como título "Hechos de los adolescentes". Son historias mínimas, y los chicos que han ido pasando por esa experiencia quedan con una marca muy fuerte.

¿Cuál es la experiencia de la “Noche de la caridad”?

Esta experiencia a mí me cambió la mirada: yo antes nunca había puesto atención en la gente que vive en la calle. En mi formación, en mi juventud, siempre veía al pobre como el pordiosero, el ciruja o el miserable, y con una capacidad limitada que lo había llevado a esa situación de postergación. Y eran algunos que se veían. En estos momentos, en esta zona de Almagro, en unas quince o veinte cuadras, hemos llegado a dar un total de 120 viandas, entre cartoneros y gente que vive o trabaja en la calle. Y lo interesante de este tema es que no sólo involucra a los chicos sino a padres y abuelos que se enganchan con la propuesta. Ellos vienen una o dos horas antes para cortar los fiambres y los panes, y preparan los sandwichs y las viandas para llevarle luego a la gente de la calle. El beneficio que sacamos de esta realidad tan difícil es que nos ayudó a avanzar en solidaridad.
Además, el pobre de esta zona es un pobre que tiene un nivel de matriz de aprendizaje muy interesante. Por ejemplo, nos hemos encontrado con uno que había hecho algo de docencia, y que terminó escribiendo una poesía muy linda en el libro que mencioné. Después, había un muchacho que tenía segundo o tercer año de ciencias políticas de una universidad privada, y otro que trabajaba en Gas del Estado y que se había quedado en la calle luego de la privatización.

¿Actualmente, en que proyectos está trabajando?

En Isidro Casanova estoy acompañando la parte pedagógica de una serie de proyectos de enseñanza de oficios apoyados por el ministerio de Desarrollo Social, específicamente en el Plan Incluir, que apunta a jóvenes y adolescentes. Además de buscar que los contenidos sean coherentes, propuse incluir una unidad sobre la persona humana, no como un tema de cosmética, sino con la propuesta de que al ingresar a la instancia de capacitación, la persona vaya al centro y se encuentre consigo misma. De esta forma, con ese dinero que viene del gobierno, no sólo se está resolviendo una necesidad de capacitación, sino que también se está dando un plus, que me parece sano y enriquecedor.
Asimismo, sigo llevando adelante las noches de caridad aquí en el barrio de Almagro, desde el colegio San Francisco de Sales y en conjunto con el Pío IX. Lo interesante es que alumnos míos de otras instituciones, como un CENS o una tecnicatura en Despachantes de Aduana, también se suman a las noches de la caridad porque tienen necesidad de ayudar, y todo esto más allá de cuestiones religiosas o partidarias.

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