viernes, 5 de agosto de 2011

PRINCIPIOS EDUCATIVOS PERSONALISTAS: EL ALUMNO

Ofreceremos, empezando por este artículo, una serie de propuestas educativas basadas en el personalismo de E. Mounier reflexionadas en el contexto de los Congresos Internacionales de Personalismo Comunitario. Comenzamos por las que se refieren al Alumno. 

Podemos describir la tarea del alumno en torno a una palabra clave: aprender. ¿Qué es aprender? Como bien se viene diciendo desde hace ya algunos años, aprender no es sólo memorizar, como tampoco es sólo asimilar intelectualmente algunos conocimientos. Pero decir que aprender no es sólo esto no quiere decir que esto no sea importante para aprender. No debemos caer en el extremo de negar el valor de la memoria y la comprensión intelectual dentro de todo proceso de aprendizaje. Ahora bien, ni una cosa ni otra conllevan, por sí solas, el crecimiento de la persona, finalidad de todo proceso de aprendizaje. ¿Qué es, entonces, aprender? ¿Cómo podemos describir la tarea del alumno? ¿Cuál debe ser esta tarea en una escuela renovada desde el personalismo comunitario?


En primer lugar, aprender es buscar la verdad. Desde el principio, muy solemnemente, adiós al relativismo. Buscar la verdad en lo personal, mejorando la propia persona, trabajando la virtud, venciendo al vicio. El alumno es una persona con voluntad de verdad.

Esa búsqueda implica un esfuerzo, de ahí que aprender sea realizar un trabajo, una acción. La educación personalista y comunitaria no busca alumnos pasivos, sino personas capaces de asumir la tarea de crecer, de aprender, de transformar.

En tercer lugar, aprender es descubrir, revelar, encontrar. El hombre está abierto al mundo y a sí mismo desde su persona; llamado a conocer lo desconocido, a penetrar en los secretos de la realidad. Aprender es poner el corazón y la inteligencia frente a las incógnitas del mundo y lanzarse al encuentro de la verdad.

Salir a ese encuentro es inventar, crear. No lo queremos todo hecho. Lo hecho, hecho está. La acción sigue siendo necesaria, no sólo para la transformación del mundo sino también para la realización de la persona.

Aprender es reconocer, y esto en dos sentidos: en primer lugar, reconociendo la verdad en aquello que se entrega, en aquello que el alumno recibe fruto del esfuerzo de otros hombres a lo largo de la historia; en segundo lugar, porque la verdad está dentro de cada cual, y conocer no es sino reconocer esa verdad última que cada persona lleva en sí.

Aprender es, además, crecer en autonomía, es decir, en libertad y responsabilidad. No asumir sin más lo que el profesor enseña, sino ir aprendiendo a pensar desde la voluntad de verdad.

Aprender es, finalmente, saber enseñar: sólo se sabe bien aquello que se puede transmitir y compartir, aquello que se sabe poner al servicio de los demás, para ayudarlos a crecer. Es la dimensión diacónica del aprendizaje.

Autor: Luis Rosa. Fundación E. Mounier. Salamanca 2005

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